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20.3.09
La inmobiliaria que posee el Teatro Albéniz
También allí hay direcciones de e mail por si se desea preguntar algo.
Un cordial saludo,
Beltrán Gambier
19.3.09
Un hermoso texto de Beltrán Gambier sobre la última función en el Albéniz
Todo un símbolo.
Noche triste, la de ayer.
Insensibles y sensibles, almados y desalmados, damas y caballeros, funcionarios altos y bajos, políticos de palabra y políticos sin ella, periodistas apurados y periodistas calmos....amigos del Albéniz, amigos del teatro....
El inconsciente impedió llegar puntual a algun protagonista que no quería que llegara la última noche.
Pero llégó.
Noche triste. Especialmente para los actores.
Porque los que somos público no vivimos en carne propia la magia y la fuerza de lo que supone comunicar desde las tablas.
Todo transcurrió en paz y cordialidad.
La directora temía algún incidente y se aseguró bien de que nada pasara con policías amables. Se esmeró.
Me quedará grabada la imagen de Toni hablando largamente a una radio mencionando muchas cosas, entre ellas a la Plataforma y su buen hacer.
No lo vi a Jorge Bosso.
Pilar Valero ya es mi amiga y sus amigos también.
Eva es el alma de este movimiento y a través de ella me puedo imaginar a Teresa. El próximo 27 se cumplen 5 años desde su partida. Si estuviera, esto no pasaría. De eso estoy seguro.
Isabel, la arquitecta, estuvo desde las seis de la tarde.
Antonio Garrigues tampco faltó a la cita. Es un hombre que ama el teatro.
David y Berta lo registraron todo: ya veremos su acto de creación en el blog del Albéniz.
Y más y más gente se implicó y otra tanta se ausentó.
Pero seguiremos.
No tengáis duda.
Cuesta mucho construir el alma de un teatro. Pero lo bueno es que cuando se logra resulta indestructible.
Sus trabajadores se van, pero para ellos nunca será lo mismo.
18.3.09
Qué pasa con este tema del Odeón ?
Saludos,
Beltrán Gambier
bgambier@trc.es
17.3.09
Otro magnífico artículo de Benjamín Prado

BENJAMÍN PRADO 04/12/2008Viva el Albéniz, abajo el rey
La vida y la realidad no son lo mismo, porque una va por dentro y la otra por fuera, una es nuestra y nosotros somos de la otra, y por eso la vida es sueño y la realidad es una pesadilla. Juan Urbano pensaba todo eso el otro día, mientras cruzaba la Puerta del Sol y bajaba por la calle de la Paz para ver en el teatro Albéniz la obra Baile de máscaras, un ballet con el que la compañía Rojas y Rodríguez rinde tributo al 2 de Mayo de 1808 y que forma parte de los actos conmemorativos del Bicentenario, promovidos por la Comunidad de Madrid. La representación le pareció tan emocionante, bella y valiente que tuvo la impresión de que los bailarines alargaban las manos hacia él, desde el escenario, y le arrancaban un trozo de memoria para quedárselo.
¿Por qué los llamarán conservadores, si no hacen más que destruirlo todo?, se preguntaba Llamazares
La Comunidad dice que como el edificio no es suyo, no puede salvarlo y lo debe entregar a los especuladores
Ahora, cuando ya ha caído el último telón paraBaile de máscaras, subirá a las tablas del AlbénizLa vida es sueño, de Calderón de la Barca, y si nadie lo remedia ése será el punto final del teatro, que a finales de diciembre cerrará sus puertas y el año que viene será destruido por los constructores que son sus dueños, como tantos otros edificios históricos de esta ciudad que sigue estando en manos de los enemigos de la cultura, los aliados de la barbarie. ¿Por qué los llamarán conservadores si no hacen más que destruirlo todo?, se preguntaba hace poco el escritor Julio Llamazares. Vaya usted a saber, pero igual es por lo mismo que los llaman liberales.
El Albéniz tiene dueño, efectivamente, pero ¿por qué? En opinión de Juan Urbano, el patrimonio cultural de un país y la propiedad privada deberían de ser incompatibles, y un particular sólo tendría que poseer una obra de arte, un manuscrito o un edificio históricos hasta cierto punto, sacarles todo el beneficio económico que quisiera, pero sin tener el derecho de hacerlos desaparecer. Pensar lo contrario es estar de acuerdo con aquel multimillonario japonés que pidió ser enterrado con un cuadro de Van Gogh porque era suyo, igual que el Albéniz es de una empresa llamada, sin duda sarcásticamente, Grupo Monteverde. El argumento de aquel majadero era que como el cuadro lo había pagado y era suyo, tenía el derecho a privar al resto de la humanidad de él. La teoría de los especuladores es igual, y donde todos vemos un teatro y un fragmento de historia ellos sólo ven un solar en el que levantar viviendas de lujo, un hotel y un parking. Eso sí, prometiendo que también habrá sitio para un nuevo teatro, lo cual es como querer derribar el Acueducto de Segovia y tranquilizarnos diciendo que se hará otro puente más pequeño en su lugar. La hipocresía es tan tóxica para los que la padecen como para los que la utilizan, de manera que en algunos casos ya no se sabe si algunos dicen lo que dicen porque consideran estúpidos a los demás o porque lo son ellos.
Fernando VII, tal y como se recuerda en Baile de máscaras, fue un rey agarrado a su corona y dispuesto a que todos los demás pagasen el precio que hiciera falta por ella. Siendo príncipe de Asturias conspiró contra su padre, Carlos IV, pidió ayuda y consejo a Napoleón Bonaparte y después de haber sido descubierto, condenado y perdonado, promovió el llamado motín de Aranjuez y se hizo con el trono. Pero Francia tampoco paga traidores, y el emperador invadió España, lo apresó, lo llevó a Bayona, le obligó a devolver la corona a Carlos IV e hizo que éste abdicara en su hermano, José I. El pueblo que no se merecía aquel Judas organizó la resistencia, escribió con su propia sangre la Constitución de 1812 y ganó la Guerra de la Independencia, pero cometió un error: mitificar al soberano cautivo y creer que él representaba la integridad nacional. Lo llamaban El Deseado, cuando su sobrenombre debió de ser El Artero. En cuanto Fernando VII recuperó el poder, restableció la monarquía absoluta, derogó la Constitución, reprimió a cuchillo a los liberales y cuando se vio acorralado pidió ayuda a la Santa Alianza y volvió a venderle el país a los franceses, reinstaurando su dictadura tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis.
Juan Urbano, que al acabar la representación estuvo a punto de gritar: ¡Viva el Albéniz, abajo el rey!, se dijo que en el caso del teatro a punto de ser invadido, los franceses serían el Grupo Monteverde, pero ¿quién haría de Fernando VII? La Comunidad de Madrid asegura que como el edificio no es suyo, no puede salvarlo y lo debe entregar a los especuladores. Quizá convendría que alguien en la Real Casa de Correos leyese el poema de Luis García Montero con el que concluye Baile de máscaras, porque puede que así entendieran cuáles son las responsabilidades de quien ejerce el poder.
16.3.09
El Albéniz no corre riesgo de demolición
15.3.09
Esto no se acaba aquí

Madrid, 4 ene (EFE).- El Teatro Albéniz, que el pasado 21 de diciembre cerró el telón por última vez, tiene ya sus puertas completamente tapiadas por un muro de ladrillos.
"No es una buena noticia, desde luego", ha explicado hoy a EFE Eva Aladro, portavoz de la Plataforma de Ayuda al Teatro Albéniz, una asociación que ha pedido medidas cautelares de protección para este edificio, mientras los tribunales resuelven si catalogar el inmueble como un bien de interés cultural.
En su opinión, el actual propietario del teatro, el grupo inmobiliario Monteverde, ha podido decidir tapiar sus puertas "para evitar incidentes" por la polémica que ha seguido al proceso de cierre y porque así es "el proceder general de las inmobiliarias".
El teatro Albéniz fue fundado en 1945 para albergar ópera y ballet, disciplinas a las que se sumarían, años más tarde, espectáculos de zarzuela y revista. En 1984, el espacio fue alquilado por la Comunidad de Madrid, que ahora va a traspasar la programación escénica que realizaba en este centro a los Teatros del Canal, dirigidos por Albert Boadella.
El consejero madrileño de Cultura, Santiago Fisas, ha asegurado que en el lugar que ocupa el Teatro Albéniz el Grupo Monteverde construirá otro teatro "en muchísimas mejores condiciones". EFE